La paradoja de convivir: cuando disentir nos mantiene unidos
El conflicto no es una anomalía destructiva ni un fallo que deba erradicarse mediante consensos artificiales; a través del concepto de disenso consensuado, es posible reconocer la discrepancia profunda y transformarla en un motor de convivencia mediante acuerdos sobre las reglas con las que decidimos escucharnos y respetarnos.